Academia Militar Ecuador

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jueves, 26 de noviembre de 2009

ALBERTO ACOSTA - 1966


Nació en una inútil mañana del mes de febrero. Era el día 31, año bisiesto largo. Con un suave vagido apareció en nuestro suelo el que, pasados los años rosados de su fragante y delicada infancia, había de ser el Brigadier Alberto Acosta. A costa de todo lo que en sus primeros pasos tuvo que sufrir, mucho por lo que aparenta en su simple y airado esqueleto, llegó a crecer de forma alarmante en todas las mañanas de un buen "picaro"

Pero un buen día, aciago para nuestro inquilino, decidieron en consejo salomónico que tendría que ir a las aulas, al menos así las llaman de la Academia.

Lo que tenía que pasar pasó, y Alberto a engordar entró, aunque él diga otra cosa. Le perdonamos porque ningún profeta es bien recibido en su casa. Nadie es médico en su cama. Ni las sopas, resumen de todo lo demás ni el AUROFAC dieron resultados, pues nuestro simple, lo que de simple por composición anatómica cadavérica, digo que nuestro simple autobiografía do siguió conservando su "línea telefónica". Decían que se acostaba en un alambre, porque "el hambre le consumía". Se tapaba con un hilo", "Y lo" peor del caso que le sobraba puesto para otros tres. ¿Quiénes?...Curiosos....

Es en sexto año cuando nuestro hombre se destapa, cuidado con las corrientes de aire.

UNIFORME: Lleno de Medallas, estrellas, cordones, etc., etc., etc.
PINTA: Cuchilla del oeste, o del otro mundo, mezclada con la de un agente de la O.I.C.
CARA: La suya, la misma de siempre, terrible expresión que mete miedo al susto, cuando entrena box. No es el mejor pero si el más Técnico.

SEÑALES PARTICULARES: Entrena box, levanta pesas, de la Guardia Bolivariana. Tiene un parecido a los BEATLES.

Así es Acosta. y no es esto todo. De ponernos o escribirlo todo, no llegaríamos al final con la crónica. Baste con esto por esta vez,
los cronicones apergaminados de Su Muy Ilustre familia, pueden satisfacer más ampliamente vuestras ansias locas de seguirle más de cerca. Los pliegos empolvados, de que sabemos es poseedor, guardan detalles del "talle y figura" de sus primeros años. No nos metemos en más interioridades. Su puño pudiera hacer impacto en cualquiera de nosotros. No te enfades. Cuando te gradues, perdemos de vista tu escueta silueta. Tu diminuto volumen seguirá oxidad en estos musgosos y telarañietos cerebros que, en un día cualquiera tuvieron la suerte loca de tratar de cerca al que ha servido para emborronar estas remendadas y sinceras líneas.

Tu amigo que nunca te recuerda y te olvida de ti para siempre,

QUIDAN

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